Un reciente informe de la OMS revela que los sistemas sanitarios europeos avanzan en la adopción de inteligencia artificial bajo un marco regulatorio pionero, aunque con importantes desigualdades en su implementación y desafíos jurídicos aún pendientes.
La IA se consolida como uno de los principales vectores de transformación de los sistemas sanitarios en la UE. Así lo pone de manifiesto el informe que acaba de publicar la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que analiza el estado de preparación de los Estados miembros ante la integración de tecnologías basadas en IA en el ámbito de la salud.
El estudio Artificial intelligence is reshaping health systems: state of readiness across the European Union sitúa a la Unión Europea en una posición de liderazgo global, especialmente tras la aprobación de un marco normativo integral en materia de IA. Este enfoque regulatorio, alineado con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), se caracteriza por su orientación basada en el riesgo y en la protección de los derechos fundamentales, configurando un modelo de referencia internacional.
Sin embargo, el informe advierte de una notable heterogeneidad entre los Estados miembros. Mientras algunos países han desarrollado estrategias nacionales avanzadas y cuentan con infraestructuras tecnológicas consolidadas, otros presentan carencias significativas en materia de gobernanza de datos, interoperabilidad y capacitación del personal sanitario.
Desde una perspectiva jurídica, el despliegue de la IA en el sector salud plantea retos relevantes. Entre ellos destacan la necesidad de garantizar la transparencia y explicabilidad de los algoritmos, la prevención de sesgos discriminatorios y la adecuada gestión de los datos personales de carácter sanitario, considerados de categoría especial conforme al RGPD.
Asimismo, el informe subraya la importancia de reforzar mecanismos de control como las auditorías de sistemas de IA y las evaluaciones de impacto en protección de datos, instrumentos clave para asegurar un uso responsable y conforme a Derecho de estas tecnologías.
En términos prácticos, la IA ya está siendo utilizada en ámbitos como el diagnóstico clínico, la optimización de recursos hospitalarios o el desarrollo de tratamientos personalizados. No obstante, su implantación sigue siendo desigual y, en muchos casos, incipiente.
Finalmente, la OMS formula una serie de recomendaciones estratégicas dirigidas a los responsables públicos: fortalecer la gobernanza regulatoria, invertir en infraestructuras de datos, mejorar la formación de los profesionales sanitarios y garantizar que el desarrollo de la IA se realice bajo principios éticos, seguros y centrados en el paciente.
En este contexto, el futuro de la sanidad europea dependerá en gran medida de la capacidad de los Estados miembros para integrar la innovación tecnológica con el cumplimiento normativo, consolidando un modelo de inteligencia artificial que sea no solo eficiente, sino también jurídicamente garantista.
Más información y acceso al informe: https://www.who.int/europe/publications/i/item/WHO-EURO-2026-12707-52481-81471